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El dílema de Izquierda Unida ante su crisis PDF Imprimir E-Mail
viernes, 30 de mayo de 2008

 

El dílema de Izquierda Unida ante su crisis:

O decadencia terminal bajo el "llamazarismo",  o renacer en la "catarsis"

Pedro Montes y Diosdado Toledano

(Miembros de la Presidencia Federal de Izquierda Unida)

 

Los desoladores resultados electorales de IU el pasado 9 de marzo han tenido la virtud de poner de manifiesto sin tapujos la extrema gravedad de la crisis de la organización, cuyas raíces son profundas y que ha tenido su culminación en la orientación suicida de la campaña electoral conducida personalmente por Gaspar Llamazares, que al postularse para entrar en el gobierno socialista ha hundido la credibilidad del discurso crítico hacia el PSOE, ha desarmado IU frente a la llamada al voto útil y desorientado a una parte importante de su base social que se ha refugiado en la abstención.

 

La crisis viene siendo denunciada desde hace tiempo - la candidatura Marga Sanz fue una respuesta lúcida para evitar el desastre anunciado, y en algún momento, no por clarividencia sino por ser evidente, llegamos a decir que la camarilla que dirigía IU eran los sepultureros del proyecto. El equipo que ha dirigido la organización durante los últimos años en lugar de abrir a tiempo una salida colectiva y democrática a la crisis, ha preferido cerrar los ojos, enrocarse, aplicar un estilo autoritario que ha destruido la pluralidad intrínseca al proyecto de IU, ha demolido su organización y  ha ejercido  todo tipo de abusos de poder, de los cuales el conflicto con la federación de Valencia en vísperas electorales y la defenestración de algunos miembros del PCE de la Comisión permanente de IU han sido los casos más conocidos.

 

 Es verdad que para llevar a cabo esa política durante la anterior legislatura el Coordinador general ha contado hasta el último momento  con una mayoría en el Consejo político (hasta el caso de Valencia) y la Presidencia Federal, que deben considerarse como cómplices necesarios del proceso de degradación sufrido por IU. Y decimos cómplices en el sentido más estricto de la palabra. Se pretende por muchos hablar de responsabilidades en el mejor de los casos, para evitar  con ello mencionar la palabra culpabilidad, pero cuando una política ha sido ejecutada sin sujetarse a las reglas de la democracia sino a través de engaños, fraudes,  falta de respeto al sentir de la organización, abusos de poder,  el resultado no admite distinciones entre los cómplices necesarios. Entre esos colaboradores hay que distinguir en particular, por su peso mayoritario en EUiA a la alianza formada por los dirigentes del PCC y POR, que ha respaldado en todo momento a Gaspar Llamazares y ha practicado una política de colaboración con el socialliberalismo a través de la coalición electoral con ICV y la participación en el gobierno tripartito de la Generalitat. En el fracaso electoral IU ha estado acompañada con similares resultados por la coalición Iniciativa-Euia, sin que deba olvidarse además que ICV apoyó a la candidatura encabezada por la escisión de EUPV.

 

A nuestro entender,  la crisis de IU es una crisis global, si cabe  la expresión. A estas alturas no se sabe cuál es la naturaleza de IU,  si un movimiento político y social organizado o un partido al uso enrevesado y con una amalgama ideológica indigerible.  Tampoco se conoce cual es el espacio político que pretende ocupar, si es una fuerza transformadora y anticapitalista o una fuerza que pretende esencialmente formar parte de las instituciones de poder y gobierno. Por ello tampoco se sabe si su trabajo esencial debe ser fortalecer los movimientos sociales o actuar en las instituciones tratando de elevar a ellas las reivindicaciones populares. Si luchar o gobernar. Menos claro aún están los aliados políticos y sociales con los que debe entenderse IU. Ser lazarillo del social liberalismo o formar tejido con los sectores antisistema.  En el caso de los sindicatos CCOO y UGT, tratar de llevarse bien con las direcciones mirando para otro lado ante su desastrosa política o impulsar y formar parte de los sectores críticos y de las organizaciones sindicales de izquierda y combativas. Asumir responsabilidades de Estado a pesar de la insignificancia del peso político o trabajar coherentemente con criterios de clase por los derechos  de los trabajadores y demás  capas sociales oprimidas y explotadas. En la cuestión del modelo de Estado, la defensa del derecho de autodeterminación ha quedado para los días de fiesta y el objetivo de una República federal y solidaria se ha limitado a las declaraciones rituales de costumbre.

 

La propia IU no ha definido de modo consecuente y estable el carácter de su proyecto: no se sabe si es una fuerza política con vocación federal, sin perjuicio de que se articule territorialmente con federaciones que se corresponden con las nacionalidades y comunidades autónomas, o es un aglomerado de federaciones cada una con soberanía propia, que convierten a la organización en un  reino de taifas, porque sería demasiado considerarla una confederación en este caso, dada la desigualdad de situaciones.

 

En el plano organizativo interno la descomposición de IU en estos momentos no tiene parangón con ningún momento del pasado. Los militantes, el más preciado patrimonio de una fuerza política de izquierdas,  no cuentan, no existen,  ni para decidir e influir ni para llevar a cabo tareas políticas.  La vida en la organización se limita a cambalaches, contubernios, reuniones de grupos, sensibilidades, sectores, en la que los barones, marqueses,  duques y demás advenedizos pretenden imponer sus criterios y acaparar  poder olvidándose de la política. Los órganos de dirección no funcionan y sólo se reúnen para cumplir algunos requisitos formales y dar amparo a decisiones tomadas por las capillas fuera de ellos. Los censos son falsos y distorsionan la democracia interna hasta el esperpento. Los estatutos son un galimatías en el que pueden encontrar respaldo las actuaciones más arbitrarias y antidemocráticas y no existe desde hace muchos años una comisión de garantías digna de tal nombre. La situación financiera de IU, o más claramente, la crisis financiera de IU nunca ha sido conocida y tratada por los órganos. 

 

Los datos anteriores no agotan la descripción de la descomposición política y organizativa de IU, pero si dan una idea suficiente de la intensidad de la degradación padecida. Los  resultados electorales de IU pueden explicarse perfectamente por la situación interna, sin perjuicio de la influencia que desempeñan otros factores y de una ley electoral injusta, que han hecho que el retroceso numérico de los votos y la pérdida de tres diputados sea valorado por la gran mayoría de IU como una debacle. En todo caso además,  la tarea de recuperar IU, o un proyecto de izquierdas que ocupe  el espacio político que se pretendió en sus orígenes,  para salir del atolladero en que la izquierda anticapitalista esta sumida, pasa esencialmente por remover  todas las deformaciones sufridas en los últimos tiempos como condición necesaria, aunque no suficiente. El drama es que hay que volver a empezar y tener que volver a hacer realidad la frase tan repetida de que si IU no existiera habría que inventarla.

 

El desastre electoral el 9 de marzo debería de haber  producido la inmediata e irrevocable dimisión del Coordinador general y su equipo próximo.  Se echó de menos la  dimisión  de Almunia cuando fue derrotado contundentemente por Aznar en las elecciones del 2000. En lugar de desaparecer, de hacer mutis por el foro, de abrir puertas y ventanas para que entre nuevo aire, de provocar una conmoción en la organización para que ésta con sus fuerzas afronte la cruda realidad, Gaspar Llamazares volvió a recurrir a las trampas y artimañas con la intención de seguir manejando la organización o al menos para preservarse un papel importante en el futuro. Anunciar que no se presentaría a la reelección de coordinador era una concesión gratuita a la galería, puesto que estatutariamente ya ha sobrepasado los mandatos posibles. Siempre se había especulado con que en el peor de los casos habría un intento de supervivencia del  llamazarismo sin Llamazares, y este se ha prestado a trabajar por dicho objetivo con el apoyo de sus decepcionado colaboradores.

 

Cabe afirmar que si el llamazarismo sobrevive en IU, cualquiera que sea su versión, no habrá recuperación posible del proyecto. En esa situación, tampoco es pensable y menos creíble una IU  como catalizadora  de la regeneración de la izquierda política en un sentido más amplio.  En nuestra opinión,  además,  tampoco se conjura este peligro con la decisión adoptada por la Presidencia federal de constituir una comisión que prepare la próxima asamblea federal. Ante la gravedad de la crisis se ha recurrido a la manida respuesta de crear una comisión, pero una comisión además gestada con todos los vicios que IU arrastra en su funcionamiento: una parte de los barones, sectores y sensibilidades, repartiéndose burocráticamente un pastel  minúsculo con la intención de ir tomando posiciones para, en su momento,  asegurarse la mejor parte del poder institucional que le puede quedar a IU. Para colmo, ya se empieza hablar de alianzas entre dirigentes de federaciones, de operaciones "centradas" que excluyen a una parte de las alternativas y de la pluralidad, ,  e incluso de postulantes al cargo de Coordinador general. En fin, pensamos que se están dando los pasos para una vez llegados al borde del precipicio arrojarnos por él.

 

Lo actuado hasta aquí después del desastre electoral nos pone en camino del desastre total. La salvación de IU es una tarea llena de dificultades al punto de que verosímilmente no sea posible. No obstante, en nuestra opinión, conociendo la realidad de la organización, la degradación que sufre, el desánimo que recorre a sus mejores militantes,  podemos asegurar que el continuismo por el que parece haberse optado no lleva a ninguna parte, que así no sacará a IU de su profunda sima. Si cupiera el lenguaje de otros tiempos,  podríamos decir que en IU sólo tiene como alternativas el "maquillaje" del continuismo o la "catarsis", y solo ésta puede poner las bases para el renacimiento de la izquierda política en nuestro país.

 

La candidatura de Marga Sanz pudo representar en su momento una oferta de la reforma necesaria. Contenía, y son asumibles,  los elementos programáticos y organizativos necesarios para evitar la ruina final y para emprender una recuperación a medio plazo. Los 8,000 votantes que optaron por Marga Sanz son indiscutiblemente un capital político no desdeñable: representan sin duda un patrimonio militante considerable para todo intento de reconstruir IU. Sin embargo pensamos que en estos momentos, ya, esa reconstrucción no puede limitarse a los efectivos de IU pues la organización está, tras las elecciones, muy devaluada política y socialmente, y, sobre todo, creemos que la política y el funcionamiento de la organización  han ido alejando y dejando en la cuneta a muchas gentes de izquierda y colectivos que no han podido soportar ese proceso de degradación,  pero que siguen formando parte de la izquierda real y por tanto son susceptibles de unirse a un proyecto ilusionante de renacimiento de la izquierda anticapitalista y alternativa en nuestro país, cuyo espacio y necesidad creemos que esta fuera de discusión. Sirva como ejemplo, no único,  el caso de Izquierda Alternativa que ha dejado de reconocerse como una tendencia en el seno de IU.

 

Advertidos en nuestra opinión los peligros que amenazan la salida a la grave crisis de Izquierda Unida, solo queda apostar por nuestra parte, de manera decidida, a un proceso de movilización interna en el debate y la reflexión sobre el análisis de la realidad política, la superación de la esquizofrenia que significa ser a la vez "organización de lucha y gobierno", el programa necesario de transformación social y del modelo de estado garante del derecho de autodeterminación, el impulso resuelto a la movilización social y la solidaridad con las luchas, el desarrollo y construcción de los movimientos sociales, en especial la reconstrucción del movimiento obrero sobre bases anticapitalistas, democráticas, internacionalistas y solidarias, la radical renovación de la organización sobre bases federales, democráticas, participativas e integradoras, y respetuosa de la pluralidad.

 

La crisis del capitalismo global, del sistema financiero internacional, tendrá graves consecuencias sobre las contradicciones y graves desequilibrios del crecimiento económico en el estado español. El colapso del sector de la construcción arrastrará a otros sectores de la industria y de los servicios, el déficit comercial insostenible se verá agravado por las dificultades crediticias, la disminución de los fondos europeos restaran margen de maniobra al gobierno de Zapatero. Con menos ingresos y más gastos se tensarán todas las contradicciones existentes, las sociales, con nuevas amenazas sobre la clase trabajadora, en la distribución territorial que pondrán al desnudo los problemas de fondo del actual modelo de estado.

 

Las condiciones para la removilización social estarán al orden del día. Las ilusiones en el gobierno del PSOE se irán desvaneciendo al ritmo de la crisis y de la lucha social. La elección del Presidente Zapatero con la abstención de la derecha nacionalista de CiU y PNV anuncia futuros pactos de estabilidad que empujarán al PSOE en su viaje al "centro". El voto negativo de ERC en la investidura del Presidente de gobierno presagia las tormentas que se abatirán sobre el gobierno tripartito. La insatisfacción por los resultados electorales no solo afecta a la afiliación de IU, también afecta en mayor o menor medida a ERC, ICV, PNV, EA, CiU, CC, etc., también al PP.

¿Sabrá IU ser útil a la clase trabajadora y al conjunto de oprimidos en los próximos años? ¿Aprovechará esta oportunidad para ser un referente de la izquierda anticapitalista? En nuestra opinión, una respuesta positiva a estas interrogantes, solo es posible si se produce una verdadera "catarsis" durante el proceso y celebración de la próxima Asamblea congresual, que convoque de manera abierta al renacimiento de una izquierda auténticamente alternativa y anticapitalista.

 

12 de abril 2008