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¿Economía de revolución? PDF Imprimir E-Mail
lunes, 04 de agosto de 2008
 
¿Economía de revolución?
 
Leonardo Boff 
ALAI AMLATINA, 01/08/2008.-  En las negociaciones de la ronda de Doha 
sobre comercio internacional se ha notado algo cruel. Mientras los países ricos 
se negaban a disminuir los subsidios agrícolas y a modificar otros renglones de la 
agenda comercial para preservar su alto nivel de consumo, otros luchaban, 
desesperadamente, para garantizar la supervivencia de sus pueblos. 
La visión de los países opulentos es miope, pues ya está instalada la crisis 
alimentaria, posiblemente de larga duración, que puede afectarlos a ellos, 
pero mucho más a millones y millones de personas, que se enfrentan no a la 
pobreza sino directamente a la muerte. Ya han estallado revueltas de hambrientos
en cuarenta países sin que la prensa empresarial, comprometida con el orden
imperante, haya hecho referencia alguna. Los hambrientos siempre dan miedo.
 
 
 
La crisis alimentaria, asociada a los trastornos provenientes de los 
cambios climáticos, es de tal envergadura que nos está permitido hablar 
de la urgencia de una revolución. Ésta fue la palabra usada el día 2 de 
febrero de 2007 en París por el ex-presidente francés Chirac al oír los 
resultados alarmantes sobre el calentamiento planetario. Advertía que, 
ante la situación actual, debemos tomar la palabra revolución en su 
sentido más literal. Es urgente hacer cambios radicales en las formas de 
producción y de consumo si queremos salvarnos y preservar la vida en 
nuestro Planeta. Esta vez no podemos hacer economía de revolución. Hay 
que llevarla a cabo ya ahora.
 
Evidentemente no se trata de revolución en el sentido de utilizar la 
violencia, sino con el sentido que le dio nuestro historiador Caio Prado 
Junior: «transformaciones capaces de estructurar la vida de todo un 
sistema social de manera que se corresponda con las necesidades más 
profundas y generales de sus poblaciones, algo que confiere un nuevo 
rumbo a las vidas humanas».
 
Pues eso es lo que se está imponiendo a nivel mundial. La Organización 
Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional 
y la mayoría de los gobiernos han implantado un tipo de 
industrialización de la agricultura con la liberalización de los 
mercados que se rigen por la competición y por la especulación, que han 
acabado por afectar a la soberanía alimentaria de la mayoría de los 
países del mundo. Es una ilusión pensar que los que han producido la 
crisis, tienen la llave de su solución. Ellos proponen más de lo mismo: 
más producción, más fertilizantes, más productos genéticamente 
modificados, más mercado no para saciar el hambre sino para hacer más 
dinero. Ninguno piensa en colocar más dinero en las manos de los 
hambrientos para que puedan comprar comida y sobrevivir. Pueden morir de 
hambre delante de una mesa repleta a la cual no tienen acceso.
 
La solución se encuentra en las manos de aquellos que en el mundo entero 
garantizan gran parte del suministro alimentario: la agricultura 
familiar y las pequeñas cooperativas populares. La agricultura familiar 
en Brasil representa el 70% de los alimentos que llegan a la mesa. Es 
responsable del 67% del fríjol, del 89% de la mandioca, del 70% de los 
pollos, del 60% de los cerdos, del 56% de los lácteos, del 69% de la 
lechuga y del 75% de la cebolla. Estos pequeños agricultores, 
articulados entre sí y también a nivel internacional, deben formular las 
políticas de producción, privilegiar los mercados locales y regionales, 
y mantener bajo vigilancia los mercados mundiales, para inhibir la 
especulación e impedir la formación de oligopolios.
 
Este tipo de agricultura aprovecha los conocimientos ancestrales, sabe 
preservar los suelos y enriquecer su fertilidad con nutrientes 
naturales. Brasil, al lado del agronegocio, tiene que privilegiar la 
agricultura familiar, pues ella tiene condiciones para garantizar 
nuestra soberanía alimentaria y ser la mesa puesta para el hambre del 
mundo entero.
 
- Leonardo Boff es teólogo.
 
Fuente: www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=287