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CARTA A LOS PRESIDENTES UNASUR DE HUGO CHÁVEZ PDF Imprimir E-Mail
lunes, 31 de agosto de 2009
 

CARTA  A LOS PRESIDENTES DE LA REPUBLICA DE LOS PAISES QUE COMPONEN LA UNASUR


En nombre del espíritu de Libertad y Justicia de esta suprema época de
grandeza que nos convoca en este luminoso presente, quiero extenderles a todos y todas, mi más sincero y fraterno saludo.

Comenzaré recordando que un 10 de agosto de 1809, fue pronunciado por el
valeroso Pueblo ecuatoriano, el Primer Grito de su anhelada Independencia
en Quito. La misma ciudad en la que hoy, a 200 años de emprendido nuestro
incesante proceso de Independencia, nos hemos reunido en razón de
responder a un compromiso ineludible y una esperanza concreta: honrar el
esfuerzo de toda una generación de libertadores, que trazó el camino de
las nuevas repúblicas de Nuestra América.



A la luz y sombra de este germen libertario esparcido por nuestros
predecesores en estas imponentes tierras de la Abya Yala, se reanimó la
idea de la unión de repúblicas, planteada por El Libertador, durante toda
su vida política.



El mismo Bolívar que nos dejara estas premonitorias palabras el 6 de
septiembre de 1815, en su Carta de Jamaica, la cual fue dirigida en
respuesta al ciudadano Henry Cullen, un súbdito británico residenciado en
Falmouth; como una grandiosa bitácora ideológica que por oportuna y
verdadera, me permito incluir en estas líneas: Seguramente la unión es la
que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo,
nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras
civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y
reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el
imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las
potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque
más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con
la fuerza moral, y la contienda se prolonga siendo sus resultados muy
inciertos. Por fortuna, entre nosotros, la masa ha seguido a la
inteligencia.



Revelaba el Padre Bolívar, una de sus grandes angustias: ver unidas a las
naciones todas de nuestro ancho y largo continente en la Patria Grande.



El espíritu de la nación de Colombia, se expresó por vez primera en la
Angostura bañada por nuestro indómito Orinoco, allá en el año de 1819.
Surgida de los sueños de Miranda, Colombia fue hecha realidad por nuestro
Bolívar aquél año y aunque fue desmembrada, su ánimo, hoy más que nunca,
debe expresarse para darnos constancia de que nunca se perderá.



Nuestra Unión era para Bolívar, un pródigo fin, al que se llegaría
únicamente a través de efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. Y
hoy, -a 200 años de aquella enorme gesta histórica-, el nacimiento de
Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), es la fiel muestra de que el
proceso de liberación de nuestras naciones continúa imponiéndose con más
vigor que nunca.



Sin embargo, y trayendo al presente toda esta síntesis histórica, debo
decir con absoluta desazón que la unión y la independencia de nuestros
países, constituye una amenaza para quienes aspiran seguir controlando
nuestras riquezas naturales, nuestras economías y nuestra voluntad
política, es decir, nuestra soberanía.

Es evidente que, ante los avances progresistas y democráticos en nuestro
continente, el imperio norteamericano -que en los últimos cien años
ejerció su hegemonía sobre la vida de nuestras repúblicas- ha iniciado una
contraofensiva, antihistórica y retrógrada con el propósito de revertir la
unión, la soberanía y la democracia en nuestro continente, e imponer la
restauración de la dominación imperial en todos los ámbitos de la vida de
nuestras sociedades.



En este sentido, compartimos la visión de muchos en Latinoamérica y el
mundo: esta contraofensiva se inició el 28 de junio de este año, con el
perverso Golpe de Estado cometido en la hermana Patria hondureña. Dicen
los militares golpistas de Honduras, y los poderosos voceros conservadores
de Washington, que esta operación contra el presidente Zelaya, fue una
maniobra pensada en función de destruir la Alianza Bolivariana de los
Pueblos de Nuestra América (ALBA).



Una alianza que es un proyecto de paz, de justicia social, de unión
solidaria, de democracia participativa con y para las mayorías de nuestros
países; y a la vez es un proyecto independentista guiado por liderazgos
legítimos de los humildes de hoy.



Este infame golpe, ha sido respondido dignamente por el Pueblo hondureño,
enfrentando la represión y demostrando que son dignos herederos del
heroico Morazán que, pasados 200 años, aun vigila.



Por ello, en función de la unidad que nos ha convocado desde siempre, y
también siguiendo los acontecimientos de estos últimos tiempos, me permito
hacerles un llamado de atención.



Compañeros y compañeras: desde mi Gobierno estamos real y profundamente
preocupados, por la situación de tensión con la hermana República de
Colombia, frente a la instalación de, al menos, siete bases militares
norteamericanas en ese entrañable y hermano territorio suramericano.

Queremos denunciar, aquí y ahora, que este hecho es parte de un plan
político y militar, orquestado para acabar con el proyecto de la Unión de
Naciones Suramericanas (UNASUR), además de ser la más grande amenaza en
este momento histórico, para las infinitas riquezas que yacen en nuestro
continente, esto es: el oro negro, nuestro petróleo; el oro azul, las
grandes reservas acuíferas; el oro verde, nuestra amazonía.





En los últimos años, hemos denunciado un acoso permanente contra nuestro
país y nuestra Revolución Bolivariana, por parte de las elites que dirigen
el imperio estadounidense. Nuestro Pueblo ha derrotado, -ante el asombro
de la opinión internacional-  Golpes de Estado, saboteos económicos y la
embestida de un descarnado terrorismo mediático de alcance nacional e
internacional. Hermanos y hermanas de Suramérica: la justificación
política y mediática del gobierno de Colombia y los jefes de estas bases
militares, son una amenaza concreta a la paz, la independencia y los
derechos del Pueblo de Venezuela.



En los últimos días, hemos recibido las manifestaciones de preocupación y
de solidaridad de los Pueblos y gobiernos del continente; así como
también, de un importante sector de la sociedad colombiana. Creen quienes
nos amenazan que pueden detener el curso de la nueva y heroica historia
que hoy escribimos en paz: hacernos respetables es la garantía
indestructible de vuestros afanes ulteriores por conservarles, dijo José
Gervasio Artigas.





Pero, así como hace 200 años, nuestros Pueblos hicieron retroceder el
decadente imperio español, hoy contamos con superiores condiciones morales
y políticas para neutralizar a estos sectores guerreristas y así
garantizar que nuestro continente sea una tierra de paz, sin amenaza
militar.



Sería un error grave pensar que la amenaza es sólo contra Venezuela; va
dirigida a todos los países del Sur del continente, sentencia el compañero
Fidel en sus reflexiones tituladas "Siete puñales en el corazón de
América". Geopolíticamente, estamos al Sur de la hegemonía, y es una
realidad que, trascendiendo la tendencia política de los gobiernos del
mundo, el problema de la guerra concierne a la humanidad entera.



Nunca nuestras angustias han sido secretas, y de esa verdad eterna dio
muestra el Apóstol de América, José Martí, al dejar en 1884, para éste
nuestro tiempo, una incógnita vigente: ¿Qué somos, General (Máximo Gómez)?
¿Los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el
corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos
valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el
tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse
después de él?



No podemos ocultar el clamor de todo el Pueblo colombiano  y su deseo de
alcanzar la paz en su país. Siete décadas de guerras al interior de
Colombia, sólo hallarán resolución en una salida política y negociada que
respete las garantías y goce del respaldo de toda Suramérica.



El pueblo de Colombia tiene derecho a la paz. No puede pretender una elite
servil, cuyo negocio es la guerra en el hermano país, expandir e imponer
su conflicto armado con la pretensión de estigmatizar y desestabilizar a
los movimientos progresistas y revolucionarios que de manera legítima,
democrática y pacífica avanzamos con los sueños y banderas de los
libertadores, a cumplir las tareas aun pendientes de unión, justicia e
independencia.



No creemos en una sociedad carente de conflictos, eso sería una
entelequia, pero entendemos que estamos llamados a asumir mejores
conflictos, a reconocerlos y contenerlos, de vivir no a pesar de ellos
sino productiva e inteligentemente con ellos. Sólo un pueblo escéptico
maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz, parafraseando a
nuestro hermano colombiano Estanislao Zuleta.



Y si queremos una paz verdadera, debemos responder a tiempo con claridad y
valentía a las necesidades más sentidas de nuestros Pueblos.



Llegó la hora de Suramérica, la hora de UNASUR, confiamos en la capacidad
política de nuestra naciente unión para enfrentar en la actualidad esta
amenaza, que compromete el porvenir de nuestras repúblicas, el porvenir de
nuestros Pueblos y el porvenir de toda la humanidad.



Sigamos, pues, compañeras y compañeros la máxima de Bolívar, constituyamos
ese gran Pacto Americano que formando de todas nuestras repúblicas un
cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y
grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el
cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse la reina de las
naciones y la madre de las repúblicas.

Fraternalmente,



Hugo Chávez Frías


En 10 de agosto de 2009.